DÍA 8. TEL AVIV, AEROPUERTO BEN – GURION

Esta mañana hicimos poca cosa, queríamos llegar pronto al aeropuerto para dejar el coche y tener un margen de tiempo por posibles retrasos en los controles. Desayunamos un abundante plato con todo aquello que nos atrajo del buffet, el cual incluía hasta pasta, imagino que para contentar el estómago de nostálgicos viajeros italianos a primera hora de la mañana.

Fuimos hasta el antiguo puerto de Jaffa en coche, por aquello de decir que habíamos visto algo en Tel Aviv a parte de Cheers, pero fue solo una vuelta porque teníamos el programa muy ajustado. Dejamos al “cojo” en la terminal 1, donde estaba Cal Auto. Tras una revisión rutinaria nos cobraron por la incidencia del “cojo” 100ILS, que seguramente nos cubrirá el seguro. Desde allí, una furgoneta de la empresa nos dejó en la terminal 3, desde donde salía nuestro vuelo.

Me obcequé en hacer el check in por nuestra cuenta en unas máquinas que había por toda la terminal, pero no funcionaban. Tuvimos que pasar a través de un primer control y optamos por la misma estrategia que a la entrada, ir juntos. La chica era joven y “tan simpática” como la funcionaria de fronteras a la entrada del país, la misma que oyó hablar por primera vez sobre el abuelo Obdulio (o Abdulah, no lo sé) hacía ya ocho días. Cuando nos preguntó si éramos pareja, estuve a punto de contestar que éramos una “pareja de amigos”, pero seguramente me habrían puesto bajo arresto preventivo. Al responder que éramos amigos, nos interrogaron por separado.

Me preguntó dónde iba y cuánto tiempo había estado en Israel y comenzó a pasar compulsivamente las hojas en blanco de mi pasaporte para luego quedarse estancada en la primera y empezar a contar una y otra vez con los dedos de su mano izquierda, imagino que los días que habían pasado desde la renovación de mi pasaporte. De seguir moviendo los dedos le habría dado la solución al cálculo matemático que estaba haciendo, porque me preocupaba que le entrara dolor de cabeza. No hizo falta porque cerró el pasaporte, puso una pegatina blanca en el reverso con un código de barras, me entregó el permiso de salida (una hoja como la Blue Card, pero en rosa), y llamó a Alberto. Con Alberto fue más fácil, ni siquiera tuvo que mencionar a su antepasado Obdulio. La chica “simpática” le preguntó si habíamos hecho las maletas juntos y, aunque luego me contó que le había costado entender la pregunta, mi querido amigo respondió con una negativa. También se interesó por su destino y por alguna cosa más, pero el trámite fue rápido y le entregó su pasaporte con otra pegatina blanca y el permiso de salida.

Ben Gurion aeropuerto internacional, Tel Aviv, Israel
Permiso de salida

Tras sacar las tarjetas de embarque en un mostrador, tuvimos que pasar por un segundo control. Aquí cogieron mi pasaporte y me pidieron hacerme a un lado para realizar un control de explosivos a mi equipaje, que consistió en una chica, también bastante joven, haciendo pasar un detector por todo lo que encontraba dentro de la maleta, la cámara de fotos y la mochila donde guardaba, muy oportunamente, el libro sobre el conflicto árabe – israelí. Con ese detector parecía que me estaba pasando la mopa por todas mis pertenencias, y de haber desprendido un olor a lavanda no solo me habría limpiado el equipaje, me habría dejado una agradable fragancia. Por el contrario, cerró la maleta con todo revuelto, igual de sucio y sin olor a lavanda, y eso que el control dio negativo.

Con todo y con eso, esperábamos tener que invertir más tiempo en el aeropuerto y que los controles fuesen a ser todavía más pesados, pero fue rápido en comparación a nuestras expectativas. Cuando íbamos hacia la puerta de embarque, Alberto se fijó en que el tamaño de las pegatinas con el código de barras era diferente. A pesar de que circulan por internet varias teorías sobre el tamaño y color de las pegatinas y el significado de los números en el código de barras, para mí sigue siendo un enigma. En fin, así tengo una excusa para volver a este extraordinario país, y preguntarle a los funcionarios de fronteras. Shalom! Israel, shukran! Palestina.

Diario ilustrado de Israel

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