1 DICIEMBRE. MEDAN

 

Ir a cargar el ordenador y darte cuenta de que te has olvidado el cargador en el Marina Lodge de Moalboal… Con lo poco que me ha gustado ese sitio, gente borde y baños de pírrica limpieza. Puaj. En fin, estoy escribiendo con el móvil, a riesgo de aumentar mi miopía o quedarme ciega. Aunque pensándolo bien…. Quizá no haya sido tan grave. Creo que mi despiste solo ha intentado ser inconscientemente práctico: es hora de dejar el ordenador en Medan para deshacerme de esos kilitos de más y recogerlo antes de saltar a otro país. Mi dolorida espalda lo agradecerá. Por lo tanto y, tras haber valorado la situación en su conjunto con mente fría y despejada, he llegado a la conclusión de que dejarme el cargador en el Marina Lodge ha sido una genial idea de mi subconsciente. Además, si me aumenta un poquito más la miopía probablemente sea más fácil operarme de la vista.

Hoy me he tomado el día con calma. De vez en cuando es necesario descansar, fundamentalmente si no tienes todavía ni idea de lo que vas a hacer en Sumatra, como es mi caso. He estado haciendo algunas gestiones en el centro comercial Sun Plaza: reponiendo mercancías como pasta de dientes y líquido de lentillas, arreglando las gafas de sol, cambiando dinero… Los centros comerciales nunca han estado entre mis preferencias de ocio. Impersonales y orientados al consumo de masas, no le encuentro atractivo ni necesidad el ir saltando de tienda en tienda a la caza de alguna ganga o la camiseta de tus sueños, y acabar comiendo en una cadena de restaurantes mientras esperas a entrar en el cine. Con lo divertido que es ir a un mercado, interaccionar con la gente, comer en un local familiar e ir al cine del barrio.

En Medan, donde por una acera que veo para pasear sin riesgo de ser atropellada, casi me caigo en una zanja profunda ávida por engullir en sus fauces a peatones desprevenidos, se levanta el moderno Sun Plaza. Todo un oasis de riqueza en brusco contraste con el resto de lo que he visto de Medan.

 

Medan, Sumatra
Inundaciones en Medan

 

Con cinco plantas repletas de marcas y restaurantes, me he aventurado a entrar en un Zara por curiosidad. Un pantalón sencillo de vestir cuesta 659.900 rupias, cuando un arroz con pescado y un poco de verdura me ha salido por 13.000. Este comentario se merece un emoticono de ojos como platos. Para hacerse uno a la idea, es similar a comprarte un bolso de Prada y quedar más tarde a comer un bocata de calamares en la plaza Mayor de Madrid. Y es que tales son los contrates en el atrofiado desarrollo urbano de ciudades como Medan, de crecimiento disparatado y desigual.

Sin embargo y sin ánimo de pretender incoherencia en mi opinión, hoy necesitaba un centro comercial. Llevo días dolorida de la espalda, en ciudades como Dumaguete, Cebú o Medan, sucias, ruidosas y destartaladas, y pasando un calor considerable. El centro comercial me ha permitido refrescarme y escapar un poco de esta realidad y, aunque he comido en un local callejero, me he sentado a tomar algo en un café del San Plaza. Imagino que tu mente necesita un balance entre choque cultural y tu área de cónfort y, en estos momentos, un centro comercial evoca el ideal de comodidad con el que he crecido a lo largo de mi vida.

 

2 DICIEMBRE. MEDAN

 

La rupia indonesia tiene menos valor que los billetes de Monopoly. Viajo con 3.500.000 de rupias en efectivo. Nunca he viajado con tanto dinero, técnicamente me siento rica. Me pregunto cuánto valdrá una casa de dos habitaciones con baño en Medan, ¿un billón de rupias? Se necesitarán porteadores para cargar los maletines con el efectivo en caso de pagar a toca teja. Aunque teniendo en cuenta los contrastes de esta ciudad, quizá cuesta más el pantalón de Zara… En fin, asumiré vivir con la duda.

Estas son mis reflexiones mientras espero en el hostal la llamada del seguro con la cita para ir al hospital de Medan.

 

5 DICIEMBRE. TOBA

 

Recién llegada a Danau Toba, el lago en cráter más grande del mundo. Y aquí hago un parón para hacer el siguiente comentario: cómo les gusta a los países “medírsela” como cebo para atraer a los turistas… “¡Titicaca, el lago navegable más grande del mundo!”, “¡Whitsundays, las islas con la arena más blanca del mundo!”, “Canopy walk en Taman Negara, el puente colgante más largo del mundo!” Y cuidado cuando hablamos de torres, ahí la carrera arquitectónica es imparable y de seguir así acabará por dificultar el tráfico aéreo.

Dejé Medan sin ir al médico. A pesar de explicarles que necesitaba un hospital donde tener que evitar comunicarme mediante dibujitos y el traductor de Google, me dieron cita para dos días después con el ortopeda Dr. Khu. Quizás no me expresé lo suficientemente bien cuando les expliqué que necesitaba radiografía y resonancia a raíz de una caída en picado desde 15m. de altura (según las fuentes locales, repito), y se pensaron que la mejor solución era una columna de plástico. Y con el Dr. Khu… A lo mejor son prejuicios, pero el apellido no me sonaba precisamente anglosajón y no me quedaban hojas para dibujar un monigote saltando desde unas rocas. Y además, al margen de la barrera lingüística, pues quizás me habría entendido mejor con el Dr. Khu que con los del seguro, lo que necesitaba eran pruebas médicas, no que me palparan la espalda para hacer un diagnóstico aproximado. Así que les envié a la mierda con exquisita educación y pedí que me gestionaran una cita en Bangkok, donde tengo entendido que hay muy buenos hospitales.

Y me largué al día siguiente a Berastagi. Llegué por la mañana temprano, así que decidí visitar Lingga, un pueblito conocido por sus típicas casas batak karo. Qué gran acierto. Nada más apearme del mini bus se acercaron dos escolares sedientos por practicar su inglés. Pronto se fueron acoplando más niños que uno por uno empezaron a lanzarme las mismas preguntas en la lengua bárbara: What’s your name, miss?, Where are you from, miss?. Hubo un momento en que casi colapso de repetir tanto mi nombre y nacionalidad, pero los críos estaban encantados y lo único que querían es comprobar en la práctica si verdaderamente se podían comunicar con un extranjero, sin importarles que este no respondiera otra cosa más que Marina from Spain. Uno de ellos me llamó la atención. De unos 15 años, hablaba muy bien inglés y tenía madera de líder, seguramente por eso me dijo que de mayor le gustaría ser profesor o misionero. El minuto de oro fue cuando me preguntó por la independencia de Cataluña; ahí tuve otro momento de colapso, hasta el punto de que le pedí que me repitiera la pregunta: What happens in Catalunya?. Poniéndonos en contexto, Lingga es un punto que cuesta encontrar en el mapa, únicamente conocido por ser el lugar donde se conservan algunas pocas casas Karo. Que un adolescente estuviera admirablemente enterado de la situación política de mi país me supuso un shock semejante a un Amish preparando unas natillas con Thermomix escuchando el “Despasito” de fondo. Son este tipo de situaciones las que hacen replantearme el concepto de “cultura general”, entendiendo por ésta la cultura de occidente, y por ello ignorando completamente otras tales como las practicadas por las cinco tribus batak de Sumatra.

 

Parque de Leuser, Sumatra

 

Subimos a una colina, paseamos por el pueblo, fuimos al museo y bailamos una danza tradicional karo en el patio de la casa de uno de los chavales. En señal de mutuo intercambio cultural decidí enseñarles el baile cuya elegancia hipnotiza, cuyos pasos requieren años y años de práctica y cuya fama es conocida en el mundo entero: el chotis. Me resultó extraño que el líder desconociera este símbolo de identidad nacional cuyo atractivo turístico supera al flamenco.

Bailé el chotis con tres mozos mientras sonaba el clásico “Madrid” en el Youtube de un móvil. Sara Montiel se coló entre el repertorio musical con un vídeo en blanco y negro ambientado en un escenario que pareciera el mismísimo palacio de Versalles. Me tocó ponerles en contexto, pues la cultura general no alcanza a personajes históricos como Sara Montiel. Y después de tanto folklore me despedí de este pueblo, o más bien de su gente… Tan bien me lo pasé que se me olvidó fijarme en sus casitas y tomar algunas fotos, así que recomiendo esta parada a aquellos viajeros con ganas de guardar un entrañable recuerdo en su memoria.

El día siguiente se levantó enfurruñado, con nubes negras agarradas a las montañas que habrían hecho del ascenso al volcán Sibayak una empresa algo arriesgada. Decidí partir cuanto antes y visitar la cascada Sipiso Piso, un salto de agua de 120m. de altura. Mñé. Si tienes tiempo, ganas y te pilla de paso, es un lugar agradable. Si estos factores no están de tu lado, es prescindible. Me aventuré a bajar el trillón y medio de escalones hasta llegar a su base, donde la caída se hace más espectacular. En el camino de descenso hay varias casetas donde te puedes sentar y contemplar la cascada junto con otros cientos de mosquitos.

 

Sipiso Piso, Sumatra
Sipiso Piso

 

En Sipiso Piso conocí al local Ichok. Me invitó a hacer noche en su casa y visitamos varios pueblos del lago Toba. Al día siguiente fuimos a Dokan, donde me resarcí haciendo todas las fotos que olvidé hacer en Lingga de las curiosas casas karo conservadas. La compañía de Ichok se me hizo harto incómoda. Profesor de clases particulares de inglés, durante sus vacaciones aprovechaba a cazar a turistas y desplumarles. Seguramente conmigo se llevó una decepción al ver que no era un banco con billetes de a dólar.

 

Dokan, Sumatra
Dokan

 

7 DICIEMBRE. DANAU TOBA

 

Llegué a Toba con cierto recelo ante la expectativa de encontrarme con hordas de turistas, pues tengo entendido que es visita obligada en el norte de Sumatra. Sin embargo, la temporada baja había barrido lo que en otra época del año debe ser el cuádruple de extranjeros. Por lo tanto, si afirmo que el lago Toba me resultó un lugar apacible donde descansar unos días, hay que entenderlo en su contexto. Tan tranquilo estaba que, tras un tiempo viajando conmigo misma como única compañera de viaje, echaba en falta a algún que otro viajero. Confieso que hasta pensé en pedir ración doble de comida y bebida en algunos sitios para sentirme más acompañada.

El medio de transporte habitual para moverse por el entonces tranquilo lago Toba es la moto. Dado que no sé conducir en moto y no era el momento idóneo para aprender y que mi espalda sufriera otra caída gratuita, decidí combinar el peregrinaje con el transporte local. Fue un gran acierto porque pude interactuar con la gente y parar cuando me viniera en gana.

El primer día fui a Tomok, donde visité las tumbas reales y una casa de estilo Batak Toba apañada como museo, o lo que viene siendo una habitación con cachivaches varios colocados con una lógica indescifrable. Algunas piezas expuestas de la antigua cultura toba eran extraordinarias, pero su significado es una incógnita para mí ya que mis conocimientos de indonesio se limitan a “gracias”, “tres”, “cinco” y “delicioso”, palabras inconexas e inútiles para entender cualquier frase de simple sintaxis que hubiera escrita en las cartelas del pseudo-museo.

 

Tomok, Sumatra
Tomok

 

Al día siguiente puse en práctica la combinación a pie/transporte local dirección Simanindo, donde a las 10 horas tiene lugar una representación de bailes tradicionales. No llegué a tiempo, así que me metí directamente en otro pseudo – museo. Al salir tenía hambre y una mujer se ofreció a llevarme en moto hasta su puesto de comidas en un puerto. Ya con el estómago lleno, inicié la vuelta a la calle principal, parando de camino en el pueblo Batak de Lumban Sitio, cuya tumba turriforme coronada con un par de estatuas me impresionó.

 

Lumban Sitio, Sumatra
Lumban Sitio

 

Mi siguiente destino era la playa de Situngkir. En un lugar indeterminado entre Simanindo y Sitangkir hice un alto en un bar con testosteronas bebiendo y jugando al dominó. Era la una de la tarde de un miércoles cualquiera. Pedí una cerveza y me sirvieron una botella de tamaño único que para una persona era excesivo. Ahí estaba la ración doble que iba a compartir con mi amigo invisible en una terraza con vistas al lago, para no sentirme tan sola. Cuando mi amigo invisible y yo dimos el último sorbo, reanudamos la marcha, no sin antes jugar alguna partidita de dominó. Interpreté magistralmente el papel de macho local entreteniéndose con sus pares a la una de la tarde de un miércoles cualquiera, incluso llegado mi turno acabé estampando cada pieza de dominó sobre la mesa en señal de temible hombría, tal y como vi hacer al resto de mis compadres.

Seguro que cuando proseguí mi camino hubo abucheos en señal de disconformidad (aunque no los oyera), tal fue la huella que dejé en aquel lugar. Mi amigo invisible prefirió quedarse, así que estaba nuevamente sola.

Situngkir resultó ser una playa de domingueros refrescándose en sus aguas un miércoles cualquiera. Me dió la sensación de que esta gente no se aclara con el día de la semana en que vive… Repleta de locales comiendo bajo pequeñas carpas de tela con una orquesta de fondo, llegué a la conclusión de que la fuerza de trabajo de la isla se concentra en los empleados de Liberta Homestay, los cuales tampoco vi precisamente estresados. Y los músicos de Situngkir.

Interesante estudio antropológico aunque poco atractiva, pasé de largo Sintungkir y me fui a mi último destino, cuya toponimia parece emular el nombre de algún juego infantil Batak: Suhi Suhi Toruan. De nuevo otro pueblito Batak cuyo interés radica en las mujeres tejiendo sobre telares tradicionales típicos pañuelos de boda o “bagus”.

 

Suhi Suhi Toruan, lago Toba, Sumatra
Suhi Suhi Toruan

 

De vuelta al alojamiento, un escolar me preguntó Do you like mushrooms?. Confusa, no entendía porqué un crío se interesaba por mis gustos culinarios, y encima algo tan concreto como los champiñones. Al rato, el cartel de un restaurante ofreciendo entre el menú magic mushrooms despejó mis dudas. Seguro que era la única idiota que ignoraba la existencia de los “champiñones” de Toba…

 

Lago Toba, Sumatra, Indonesia

 

Al día siguiente caminé desde Tuktuk por la orilla del lago hasta Ambarita, paseo que recomiendo por sus magníficas vistas. Aquí visité varios conjuntos de stone chairs, los cuales me hincharon la vena friki y disfruté muchísimo. Estos grupos de piedra esculpida constan de mesas rodeadas de sillas en su mayoría vacías. De un fuerte simbolismo, queda pendiente una búsqueda en Google para encontrar alguna interpretación de su significado.

Mi última noche me mudé de alojamiento para economizar gastos. Al día siguiente me esperaba un interminable viaje hasta el archipiélago Pulau Banyak.

 

Ambarita, lago Toba, Sumatra, Indonesia
Figura del sitio arqueológico de Ambarita

 

13 DICIEMBRE. SIKAMPANG (PULAU BANYAK)

 

Por fin puedo decir que le he encontrado. He caído rendida ante sus pies, quedado neuronalmente bloqueada por su belleza, agradecida eternamente por transmitir tal serenidad escénica. Me he enamorado del archipiélago Palau Banyak; he encontrado mi lugar en el mundo.

Salí de Toba a las 8 horas. Un miembro del guest house se ofreció a llevarme en moto hasta el puerto de Tomok, donde tendría lugar el inicio de una odisea de casi dos días hasta llegar a Pulau Banyak. En la entrada del hostal conocí a la guatemalteca Valentina. Cuando nos enteramos de que coincidíamos en el destino, nos alegramos como dos viejos camaradas que se reencuentran dos décadas después de haber luchado juntos en el frente. Y es que la perspectiva de un trayecto en varios transportes locales que hacía tiempo habían pasado la edad de jubilación, con un calor abrasador y con más pasajeros que asientos, se hacía desalentadora debido a la incomodidad y pesadez del viaje. Además, la virilidad en Sumatra se mide por el número de cigarrillos fumados, fácilmente tres cajetillas diarias. Sinceramente, si un hombre quiere demostrar su hombría fumando en la soledad de su recámara, adelante; sin embargo, este gesto varonil suele exhibirse en lugares públicos, incluidos los seniles transportes locales que, a parte de incómodos, se convierten en chimeneas con ruedas. Aquí es cuando te entran ganas de arrebatar el pitillo de varias bocas y destrozarlos bajo la suela del zapato. Según mis cálculos, con una media de tres cajetillas por día y tirando las colillas al suelo (público, no de tu recámara), Sumatra quedará sepultada bajo 50 metros de tabaco de aquí a un cuarto de siglo, convirtiéndose en la nueva Pompeya del continente asiático. Por último, el reencuentro con el antiguo camarada guatemalteco también abría la preciada posibilidad de compartir gastos, pues Pulau Banyak es más caro cuando viajas en individual.

Llegamos a Singkil después de diez horas de viaje. Sorprendentemente, no pasamos casi calor, no esperamos más de media hora entre transportes, en algunos de los cuales no había casi pasajeros e incluso pude ir tumbada durante gran parte del trayecto. Las últimas cuatro horas fueron las más duras: la carretera de Sidikalang – Subulussalan es de corte prehistórico y el último transporte a Singkil estaba lo que en lenguaje culinario snob se conoce como “tortilla deconstruida”, con un suelo metálico abrasador por el motor aunque, echándole imaginación, pude colocar los pies en un sitio seguro para evitar las quemaduras de segundo grado.

Hicimos noche en Singkil, avisamos a familiares y amigos de nuestro retiro sin wifi en las islas y, a la mañana siguiente, montamos en un carguero hasta Balei y un bote hasta la isla de Sikandang. Nos alojamos en los bungalows The Coral, regentados por Elvis, cuya máxima era el It´s ooook and Later, palabras que definen con excelente precisión su carácter y personalidad.

 

Singkil, Sumatra, Indonesia
Singkil

 

Tras casi una semana en estas islas, estoy segura de que el lugar del cual Adán y Eva fueron expulsados se trataba de un parque natural, quizá patrimonio natural de la humanidad protegido por la Unesco, pero no el paraíso… Ese está en las islas de Pulau Banyak.

Al día siguiente de llegar, mi camarada guatemalteca y yo decidimos recorrer la isla a pie rodeándola por la costa, o lo que creíamos que iba a ser la costa. En gran parte del trayecto no hay casi playa por donde andar, el camino se resume en un paseo entre selva y rompeolas, elevando el rodeo isleño a la categoría de trekking nivel sencillo. En varias ocasiones hicimos paradas estratégicas para «esnorkelear», así que fueron cuatro horas de agradable actividad física, aunque creo que la camarada guatemalteca lo sintió más duro que aquellos días en el frente.

 

Sikandang, Pulau Banyak, Sumatra, Indonesia
Sikandang

 

Pulau Banyak fue azotado por un tsunami en 2004: las placas tectónicas se abrieron, dejando escapar sulfuro que dejó al coral de este archipiélago agonizante. Varias islas desaparecieron: de unas noventa, se hundieron treinta aproximadamente. Hoy se pueden ver varias islas de ridículo tamaño, las cuales decidimos bautizar como «islas chiste». Incluso se llevó por delante el paisaje de marismas del que gozaban algunas islas. A pesar de ello, todavía se puede disfrutar de una intensa vida marina: tortugas, mantas raya, caballitos de mar, morenas, langostas, pez payaso, globo, cirujano…

El domingo hice Island hopping y snorkel con un barquero multiusos que lo mismo te hacía de capitán de barco que te construía un bungalow. Cuando le vi subir ágilmente el tronco de una palmera para hacer caer unos cuantos cocos cuyo néctar tuvimos la oportunidad de beber, no me cupo duda de que se trataba de un «homo primatus». Él, junto con Robinson Crusoe y Tom Hanks, sería aquél superviviente varado durante décadas en una isla con una calidad de vida superior a la de más de un madrileño. La visita a varias islas y el snorkel es totalmente recomendable, no hacerlo roza la inmoralidad. Como apunte extraordinario, por primera vez vi caballitos de mar (atención al plural de la palabra), además de una morena y varias langostas, en una ocasión cinco de golpe en lo que parecía una plena manifestación por los derechos de los crustáceos.

 

Island hopping, Pulau Banyak, Sumatra, Indonesia
Island hopping
Island hopping, Pulau Banyak, Sumatra, Indonesia
«Isla chiste»

 

También contemplé un bello atardecer en una de las islitas. Entre el dechado de virtudes de «homo primatus» se incluye la paciencia, pues me quedé pegada en un punto sin poder parar de hacer fotos durante un rato que cualquier «homo sapiens» habría considerado intolerable. Cuando compartí las imágenes unos días después con unas amigas, hubo una que me preguntó si vivía en el fondo de un salvapantallas.

 

Pulau Banyak, Sumatra, Indonesia
Atardecer

 

El tercer día repetí experiencia con «homo primatus», Elvis y la camarada guatemalteca. La belleza de las islas resultaba indignante, estaba saturada. Cada lugar del escenario estaba cuidadosamente decorado con exquisito gusto, inflamando mis órganos sensoriales. Y encima Elvis es el Arzak de Sikandang y diez veces más barato. Por la tarde, «Later» me invitó a ir a por la cena en la modalidad conocida como «pesca con piragua e hilo». Ahí nos encontrábamos, «Later» y «la viajera deprimida» siguiendo la costa con unos remos cuya madera no era precisamente el ligero contrachapado, si no alguna madera local que me recordó tener que fortalecer el tren superior en cuanto la espalda me diera la orden. En un momento dado decidí ejercer el rol de verdugo y concentrarme en el rollo con hilo de bramante para deshacerme un rato de la madera local. El procedimiento, de suma complejidad, consistía en tirar el anzuelo (al agua) y remar hasta que un pez picara. Pescamos cinco. Toma ya.

El penúltimo día intenté tomármelo con calma. Como me encontraba mejor de la espalda, me había venido arriba y ocupé cada instante en nadar, bucear, andar y seguramente alguna que otra actividad terminada también en –ar. Había forzado la musculatura, así que tenía que bajar el ritmo nuevamente.

Y entonces llegó la mañana del jueves, la cual se presentó sin condiciones, expulsándonos del paraíso y arrastrándonos de nuevo hacia Singkil (pero vestidas, que Singkil está en territorio musulmán). Habían sido cinco días y medio maravillosos.

 

17 DE DICIEMBRE. KETAMBE

 

Ketambe es un oasis de belleza y tranquilidad que se agradece después de incontables horas en transporte público desde Singkil. Tuve la envidiable suerte de ir tumbada casi todo el trayecto; de hecho, desconozco la inexpugnable razón por la cual los locales desdeñan sentar el trasero en la última hilera de asientos, pero yo estaré eternamente agradecida a cualesquiera sean esas razones. También inexplicablemente no me mareé en el trayecto de Toba a Singkil y de éste a Ketambe, a pesar de las curvas, baches y velocidades espídicas que me hacen pensar en el nulo apego a la integridad física que tienen en lugares como Sumatra. Gracias a ello, pude deleitarme con las lecturas del clásico «La conjura de los necios» y la adictiva novela policíaca de Mankell, «La quinta mujer». Ambos «puro bueno».

Sin ánimo de suscitar más envidias después de la descripción sin censuras de Pulau Banyak, diré que el trekking realizado en el parque natural de Leuser para ver orangutanes fue una experiencia impresionante que bien merece ser considerada entre el Top 10 de experiencias vitales imprescindibles (pensaré en las restantes nueve).

Hice un trekking de un par de días con Salat, una joven promesa entre la Asociación de Guías Locales de Ketambe, si es que ésta existe. Destaca en él ese entusiasmo y pasión que transmite mientras te guía en busca de los «hombres de la selva»[1]. Comenzamos a las nueve de la mañana y al poco rato de estar caminando Salat me señaló una hembra con su retoño. Mis primeros dos orangutanes colgando de una rama, juntos en ese aprendizaje de madre a cría que dura seis años, momento en el que el primate alcanza la edad adulta y decide independizarse. A continuación, vimos otra pareja de orangutanes y de nuevo otra hembra con su bebé. Estaba siendo demasiado para las dos o tres primeras horas de trekking hasta para Salat, el cual afirmó no ser habitual ver tal cantidad de orangutanes en un solo día. Sin embargo, el clímax llegó cuando vimos a un macho de tamaño descomunal, el rey de la zona que estábamos recorriendo. Entonces Salat se emocionó asegurándome que esta estampa era rara de ver. Pensé que había algo de teatro en sus formas, pero me equivoqué. El gran macho, cabreado porque otro orangután (este último hizo ocho orangutanes en un solo día) estaba en su territorio robándole la comida, agarró con fuerza una liana y empezó a descender acercándose a nosotros. En ese momento Salat y yo nos estrangulamos los brazos del otro para liberar de alguna forma tanta adrenalina, y entonces supe que la excitación del joven guía era sincera. Hacía un año que no veía a este macho, en mi caso llevaba tres décadas.

 

Parque de Leuser, Sumatra

 

Aunque pareciese temerario, los orangutanes son pacíficos, nuestro nerviosismo se debía a lo extraordinario del momento. Yo por mi parte necesité unos minutos para sobreponerme de la taquicardia, y entonces me acordé de las sanguijuelas y revisé mis pies. Y es que ver cómo engorda una cosa negra que se alimenta de tu sangre y tienes que tirar de ella para interrumpir el festín que se está dando, forma parte del Top 10 de experiencias vitales más repulsivas. Aquí retiro el comentario fruto de la ignorancia que escribí sobre la pierna de mi gran amigo Rodrigo y lo fácil que es deshacerte de ellas: cuando crees que lo has conseguido, se aferra a la piel de tus dedos, y entonces tienes que hacer rápidamente una bola con ella y tirarla fuera de tu área de influencia para que no te ataque de nuevo. Exactamente, como ese moco que lanzábamos siendo pequeños. Salat me había prestado unos calcetines antisanguijuelas y eso, unido a mi constante revisión de pies debido a la obsesión de tener pequeños vampiros chupándome sin mi consentimiento, hizo que tan sólo dos sanguijuelas llegaran a mancillar mi piel. Puaj.

 

Ketambe, Sumatra, Indonesia
Calcetines antisanguijuelas

 

Acampamos al mediodía junto al río Alas, con una tienda manufacturada a base de plásticos muy útil como aislante, sobre todo frente a las tormentas. Sin embargo, el plástico plantea el problema capital de ser un contaminante medioambiental, además de que muchos guías con sus respectivos viajeros «se olvidan» de llevarse consigo los plásticos utilizados. Por lo tanto, creo que pagando más por el trekking sería conveniente utilizar tiendas de campaña apropiadas y así reduciríamos el consumo de plástico y los desechos dejados en entornos naturales como Leuser.

 

Parque Natural de Leuser, Sumatra, Indonesia
Parque natural de Leuser

 

Después de un baño en el río y una deliciosa comida de noodles con verduras, reanudamos la caminata. Por la tarde la selva estaba sospechosamente tranquila, sobre todo si la comparamos con el festival matutino. Vimos macacos y una pareja de búhos. De vuelta en nuestro centro de operaciones, descansamos y cenamos. Sin pretender caer en el sentimentalismo, verdaderamente había sido un día para el recuerdo.

Al día siguiente nos levantamos con un regalo extra: otro orangután hembra con su cría comiendo en lo alto de un árbol junto al río. Nos quedamos un rato observándoles, después desayunamos y nos volvimos a internar en la selva a ver más animalejos. Otra opción es bañarse en unas aguas termales a hora y media de caminata, pero preferí empacharme de orangutanes que para eso había hecho el interminable viaje desde Singkil. Creo recordar que vimos un par más, así que me puedo dar por satisfecha. Comimos y volvimos a Ketambe por un atajo porque amenazaba lluvia. ¿Cuántos orangutanes vimos? ¿Doce? Perdí la cuenta. Quizás no más de trece, pero tampoco menos de once…

 

19 DICIEMBRE. MEDAN

 

De nuevo en Medan, ciudad desde todo punto de vista prescindible. Hoy haré noche en el aeropuerto, ya que el vuelo a Bangkok sale temprano por la mañana.

El trayecto desde Ketambe a la capital de Sumatra el día anterior puede calificarse con todos aquellos sinónimos que uno encuentre de «interminable» y «tedioso»; pero como la suerte me seguía acompañando, pude ir tumbada casi todo el viaje. Una vez llegada a Medan, el conductor me dejó en la estación Sampri de autobuses, nombre demasiado ambicioso para un lugar en medio de la calle sin señalización alguna. En ese momento, dos mujeres me indicaron cuál transporte local debía coger para llegar hasta el hostal.

Mención aparte se merece la ayuda que he recibido en Sumatra por parte de varias mujeres locales que hablaban inglés. La primera, una joven en Berastagi que había estado una temporada en Australia, se ofreció cuando bajamos de un mini bus a indicarme dónde estaba el hostal que buscaba. La segunda, una profesora de inglés en Kutacane, llamó al dueño de la casa de huéspedes en Ketambe para que pasaran a recogerme. Las dos últimas de Medan, una estaba emparejada con un indonesio que vivía en Australia por temporadas y la otra, casada con un australiano. Me sorprendió que durante mi viaje por Sumatra solo me encontrara con mujeres que hablaran inglés, además de ayudarme sin pedir absolutamente algo a cambio, simplemente se les veía entusiasmadas con la oportunidad de echarme una mano. Bueno, miento. Me pidieron el Facebook para estar en contacto y quedarme en sus respectivas casas de volver por estas tierras. Terima Kasih, Indonesia.

[1] La palabra Orangután deriva del malayo Orang Gutan, y significa «hombre de la selva».

 

24 DICIEMBRE. BANGKOK

 

Tengo el diagnóstico del accidente que tuve en Malapascua. Se abren las apuestas.

Por fin en Bangkok, el seguro me había gestionado una cita médica en Mission Hospital para el 21 de diciembre. Aprovechando que era pronto, decidí ir el mismo día que aterricé para echarle un vistazo al hospital. Resultó que podían atenderme, le conté lo sucedido al médico y me preguntó si necesitaba una silla de ruedas. Pegué un respingo y le contesté negativamente con cierta turbación. Lo mejor que puede hacer un médico cuando no se ha dado diagnóstico alguno es decirle al paciente «quizás necesites una después de las radiografías». Obviamente estuve bastante preocupada durante las pruebas de rayos X, intentando permanecer lo más serena posible.

Cuando entré en la consulta el médico puso fin a la incertidumbre de un mes: fractura del 30% de una vértebra. Corsé. Medicamentos. Reposo. Se me saltaron las lágrimas. Mi pobre espalda, con el aprecio que le tengo. El médico empatizó y dijo que dentro de ser una mala noticia, había tenido suerte. Digamos que me rompí la vértebra con gracia. Se ofreció a darme su número personal por si necesitaba cualquier cosa. A pesar del desafortunado comentario, la verdad es que no tengo queja alguna con respecto a la eficiencia y amabilidad del personal sanitario de este hospital. También me hice una resonancia magnética en otro centro, para descartar cualquier daño mayor. Ahora tengo una colección de radiografías y he decir que tengo una columna vertebral muy sexy, por eso necesita mimo y descanso. Y por eso he decidido volver a España el 26 de diciembre. Dejaré Tailandia y países aledaños como objetivo para 2018. Siempre anima tener sueños, y ese será uno de los míos.

 

Sumatra, Indonesia

 

HAPPY END?

 

Si se me permite una alusión cargada de humor negro, a pesar de que el diario termina brúscamente, el final es bastante mejor que el de Anne Frank.

Aunque no tenía un plan prefijado, en mi mente rondaba pasear por el país de la sonrisa hasta una fecha indeterminada de enero, completando así tres meses de viaje aproximadamente. No obstante, de ello dependía en primer lugar, mi espalda; en segundo lugar, el precio del billete. El diagnóstico precipitó mi decisión de volver, dejando para otra ocasión más oportuna el sudeste asiático.

Más de uno se preguntará porqué no fui antes a un médico. No hay una respuesta única. La primera semana fue bastante dolorosa, no tenía humor alguno de combinar múltiples transportes hasta llegar a una ciudad, Cebu, en la que nadie me aseguraba ser bien atendida. Efectivamente, no quería meterme en cualquier hospital, buscaba uno donde pudieran hacerme pruebas médicas y garantizarme un diagnóstico veraz. Recuerdo cuando viajando por Oaxaca con mi amiga Ari ésta se enredó los cordones de sus botas y cayó con todo su peso, golpeándose el esternón con el canto de un escalón. Fuimos a varios médicos y uno de ellos le llegó a decir que necesitaba hacerse pruebas para descartar que se hubiera perforado un pulmón con una costilla. Ese tipo de barbaridades y otras cuantas que sé por parte de otras personas y de mi propia experiencia, hicieron que retrasara la visita a un médico cualquiera, pues temía amargarme gratuitamente por un mal diagnóstico. Además, tenía miedo. Estaba sola y tenía miedo a lo que me podían decir, con más razón considerando estos precedentes. Así que, dada la disminución progresiva del dolor, decidí esperar a Sumatra donde con más tiempo quizá podría ir a un buen hospital. Desconfiada ante la cita que me dio el seguro en Medan, consideré que lo más acertado era esperar a ir a un hospital bien preparado en Bangkok. Y así hice.

Y por último estaba el factor psicológico, y no me refiero al miedo al diagnóstico. Aunque podría haber cambiado de planes, coger un vuelo a Bangkok y priorizar la salud física, puse por delante la salud mental: el viaje en sí. Viajar, leer, escribir, dibujar, conocer gente… estaba dando resultado. Quería seguir viviendo experiencias y compartirlas en este diario, el cual me ha mantenido muy ilusionada. Era un proyecto que acariciaba desde hacía años, por fin lo estaba llevando a cabo. Con el dolor remitiendo, buceé con el tiburón zorro, nadé entre sardinas, vi orangutanes y me enamoré de Pulau Banyak, entre otras cosas que ya se saben. No está nada mal, a parte de Hinchinbrook Island y el viaje con mis amigos Esther y Rodrigo.

La vida me ha demostrado una vez más que en mi caso no hay nada como viajar para despejar la mente, y viajar con la compañía de uno mismo para explorar desde dentro las causas del malestar, decidir qué rumbo se quiere tomar y llevarlo a cabo para seguir y cumplir una máxima: mantener esa serenidad que tan felices nos hace sentir.

Con el deseo de que este diario haya sido una lectura práctica, entretenida y, viniéndome muy arriba, incluso inspiradora, me despido hasta la próxima. Que me estoy muriendo del hambre y necesito cenar algo…

NOTA: acabo de recibir un correo del seguro médico preguntándome por mi estado de salud. Que duda cabe me he quedado perpleja… ¡Un seguro médico te envía un correo para saber qué tal estás! Debido a lo sospechoso del asunto, a punto he estado de contestarles si estaban bien ellos…

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