DÍA 4 NOVIEMBRE. MALACA

Si lo que se busca es un lugar genuino, con sabor local, Malaca es el sitio. Una ciudad bizarra patrimonio mundial por la UNESCO repleta de tuk tuk (aquí llamados trishaw) decorados con dibujos de Kitty y Snoopy, que por la noche hacen gala de un despliegue magnífico de luces de colores que les convierten en auténticas ferias ambulantes; por supuesto, con música a un volumen adaptado a tímpanos insensibles. Viva Malaca.

Fundada en 1400 por el último rey de Singapur, su toponimia hace referencia al árbol Polok Melaka, común en la zona. Malaca pasó a ser un importante puerto comercial del sultanato homónimo, el cual pasó por varias manos hasta que consiguió su independencia a mediados del siglo XX como parte de Malasia. Previamente, Malaca había sido conquistada por los portugueses en el XVI; cayó en manos holandesas en el XVII; fue intercambiada a los británicos por otros territorios en el XIX; ocupada por los japoneses durante la II Guerra Mundial y, tras recuperar los británicos el control, Malaca proclamó la independencia como estado dentro de Malasia.

 

Malaca
Malaca

 

Dado que sólo íbamos a estar un día, decidimos que lo más práctico para abordar nuestro itinerario turístico era alquilar unas bicis. Al principio circulábamos temerosos de ser aplastados por cualquier vehículo locomotor, pues Malaca no es precisamente un referente universal de concienciada educación vial. Sin embargo, nos costó nulo esfuerzo mimetizarnos con las costumbres lugareñas y acabar circulando en sentido contrario cuando la situación así lo imponía. Momento clave cuando, mientras conducíamos despreciando las leyes viales (si es que las hay), nos cruzamos de frente con una pareja de policías en moto y ni rechistaron ante nuestra infracción; tan inmersos estábamos en imitar las maneras relajadas de moverse por la carretera que, de haberse atrevido la policía a pararnos, seguramente nos habríamos ofendido.

Entre las atracciones turísticas de Malaca están los vestigios de la ocupación portuguesa en las ruinas de la fortaleza A Famosa; el night market de Jonker street; un par de iglesias (Christ Church, st. Paul´s church) y The Stadhuys, antiguas oficinas del gobernador holandés y actual museo de historia y etnografía. Malaca, en su intento por sumarse a ciudades con torres a gran altura, cuenta con su Menara Taming Sari, una torre de 80 metros desde la cual se puede ver una panorámica de la ciudad de 360º. Nosotros preferimos esperarnos a KL Tower, la torre sita en la capital malaya cuya altura quizá hasta nos permitiría vislumbrar Malaca en un día despejado (y acercándola unos cuantos kilómetros a la capital, claro). No tuvimos suerte con el palacio del sultán (Melaka Sultanate Palace) porque cuando quisimos llegar, había cerrado sus puertas y sólo vimos el exterior.

 

Malaca
Plaza principal de Malaca

 

DÍA 5 NOVIEMBRE. TAMAN NEGARA

Hemos llegado a Kuala Tahan, el pueblo emplazado a la entrada de la selva más antigua del mundo, Taman Negara. Nuevamente en la selva… Viví por temporadas en este tipo de entorno natural en México y Guatemala por razones laborales, y me marcó. Ahora vuelvo a tener la oportunidad de disfrutar esta experiencia, pero como viajera.

A diferencia de Calakmul o Tikal en Latinoamérica, Taman Negara es un bosque primario, dícese de aquel bosque no explotado por el hombre desde el momento de su formación, en este caso hace 130 millones de años. Casi nada. La exuberancia y vegetación de “altitud kilométrica” impresiona, lo hemos visto desde la carretera en dirección al alojamiento.

Rodrigo y Esther se han ido a cenar, yo me he quedado escribiendo. Ha caído la noche, momento en el que la selva se inunda de sonidos… Animales, insectos y hasta plantas, todos aportan una melodía cuyo resultado es una amalgama de notas musicales no apta para aquéllos con sueño ligero. Ahora que vuelvo a vivirlo creo que es lo más característico de la selva, la diferencia entre la quietud del día y el festival nocturno.

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6 de la mañana del día 6 de noviembre: a quién se le ocurre reservar una cabaña con cientos de gallos cantando desde las 3 horas. Quizá fuesen cinco, pero su número se multiplicó en mi cabeza tras cantar todos sin respiro alguno, seguro que por fastidiar aún más. Mi oído es capaz de abstraerse del concierto que cada noche celebran los seres vivos que habitan la selva, pero no está preparado para ignorar el desagradable canto de un gallo. Y menos aún si es constante.

 

Taman Negara
Interior de la cabaña (con gallos fuera). Foto de Rodrigo Martín

 

La primera vez que cayó el mito del gallo de Walt Disney cantando una vez y al amanecer (no sucesivamente desde las 3 horas) fue en Guatemala, concretamente en el poblado de Uaxactun. Cuando el gallo calló, el cura protestante encendió las luces que decoraban la pequeña iglesia, sacó el micrófono y se puso a vociferar a las 6 horas. Todo un ejemplo de veneración matutina por parte de los habitantes de Uaxactun. Sorprendentemente, cuando el gallo de Taman Negara cerró el pico, un imán llamó a la oración a las 5.30 horas. Todo un acto de veneración por parte de la comunidad islámica de Taman Negara, que debe de ser considerable teniendo en cuenta la presencia de una mezquita en la selva. Menos mal que la voz del imán me sonó a gloria en comparación con el tono desafinado y seco de los gallos.

 

DÍA 7 NOVIEMBRE. TAMAN NEGARA – CAMERON HIGHLANDS

Atrás hemos dejado Taman Negara con sus gallos e imanes en medio de la selva, ahora estamos en las plantaciones de té de Cameron Highlands.

Resumiendo nuestra jornada selvática, la señora que regentaba las cabañas fue encantadora y puso mucho esmero al hacer nuestra colada, pero los gallos no me dejaron dormir durante dos noches. Metafóricamente hablando, si tuvieran un bozal sería otro cantar y probablemente volvería a alojarme en esas cabañas (¡con aire acondicionado!).

En el pueblo de Kuala Tahan se concentran todas las agencias que ofrecen tours diurnos y nocturnos por la selva. Nosotros decidimos ir por nuestra cuenta en horas de sol y con un guía al caer la noche. En las agencias te ofrecen mapas de la zona y todo está bien señalizado, no merece la pena ir de la mano de un guía. Cruzamos el río Tahan en barca para acceder a la entrada del parque y comenzar nuestra caminata, una sencilla ruta circular por Canopy Walk y Teresek Hill.

 

Taman Negara
Recorrido circular por Taman Negara

 

Al poco rato la ropa empezó a pegarse a la piel, oliendo a una mezcla de humedad y sudor que me recordó entrañablemente a cuando trabajaba en México y Guatemala. Hicimos el Canopy Walkway, pasarelas que atraviesan la selva durante 530m de longitud a una altura promedio de 25 – 40 metros. Y aquí ha llegado el momento de confesar públicamente lo siguiente: tengo vértigo. No me había dado cuenta hasta que comencé a viajar por Asia y su manía de poner a prueba al ser humano con rascacielos, torres y pasarelas a alturas indecentes. En Singapur me mareé en Cloud Forest, el invernadero con la cascada de 35 metros en interior más alta del mundo. Y con pasarelas; algunas de ellas diseñadas con suelo transparente por un arquitecto que seguro esbozó una sonrisa macabra mientras imaginaba el vértigo que este diseño podría causar. Y ahí estaba yo, desafiando este nuevo miedo para devolverle la sonrisa al vil arquitecto. La chulería madrileña me costó varios mareos y un estómago revuelto, pero sigo firme en vencer al vértigo. Nunca se sabe la utilidad que puede tener carecer de él, así que prefiero trabajar esta debilidad no vaya a ser que me vea en la obligación de saltar el piso 35 de un rascacielos en llamas (seguramente en Asia).

 

Taman Negara
Canopy Walk, Taman Negara

 

Después de disfrutar de las vistas en Teresek Hill, la caminata acabó en un plácido baño en el río. Momento para el recuerdo cuando antes de bañarnos Rodrigo nos mostró un algo pequeño y negro enroscado a su pierna alimentándose como un vampiro. Era la primera vez que veíamos una sanguijuela, dicho lo cual es bastante desagradable. Menos mal que era la pierna de mi nuevo y querido amigo Rodrigo y no la mía. Se desprendió fácilmente con un toque de dedos, nada que ver a una garrapata (recuerdo cómo me quemé la piel cuando vivía en la selva intentando deshacerme de ella).

Por la noche hicimos el tour nocturno. El guía nos llevó hasta una torre de observación, donde observamos nada. Por lo visto, una sombra con dos ojos luminiscentes era un ciervo, pero podría habernos dicho que era un unicornio y me lo habría creído igual. Vimos escorpiones con luz ultravioleta, setas fluorescentes y cuatro pequeñas serpientes enroscadas en la rama de un árbol. En Madrid capital no tenemos escorpiones, serpientes o setas luminosas, así que intentaré ser más agradecida y no quejarme. No obstante, al finalizar el tour nos encontramos con un tipo que habíamos visto bañándonos en el río. Había hecho la misma visita, pero la noche anterior, y nos preguntó si habíamos visto las serpientes… Tras este comentario he llegado a la conclusión de que el tour es una atracción turística con setas pintadas de Titanlux con purpurina, serpientes a pilas colocadas estratégicamente y escorpiones de goma; pero ya he mencionado que no voy a quejarme. Al menos vimos un unicornio, aunque preferí no decírselo al tipo para no darle envidia.

 

Taman Negara
Tour nocturno por Taman Negara

 

Y volviendo a Cameron Highlands, esta región montañosa del estado de Pahang supone un brusco cambio de paisaje con respecto a Taman Negara. Las temperaturas son más frescas que en el resto del país, lo cual se agradece después de que nuestros cuerpos hubiesen estado a punto de alcanzar, en más de una ocasión, el estado líquido. La zona es conocida por albergar cuatro importantes plantaciones de té alrededor de las ciudades de Tanah Rata, Brinchang y Ringlet. Dos de ellas pertenecen a BOH Plantations, la principal productora de té del país, que representa el 70% del té consumido en Malasia con 4 millones de té anuales (5.5 millones de tazas diarias), y el par restante son de Bharat Tea Plantation, la segunda productora de té en importancia a nivel nacional. Las calles que llevan a las plantaciones están animadas por mercadillos y establecimientos además de haber invernaderos de fresas y granjas de mariposas y abejas.

 

Cameron Highlands
Plantación de Sungei Palas. Foto cortesía de Rodrigo Martín

 

Nosotros visitamos solo las plantaciones pertenecientes a Boh Tea: Habu Boh Tea (Ringlet), la más grande, y Boh Sungei Palas (Brinchang), donde contribuimos a las estadísticas de esos millones de taza de té al día con un té verde acompañado de un par de trozos de tarta de fresa en una terraza con vistas a la plantación. También visitamos aquí la fábrica abierta al público para conocer el proceso de producción y la maquinaria. Ambas plantaciones merecen la pena, o por lo menos es mi opinión dado que ha sido la primera vez que contemplo un paisaje de este tipo. Las otras dos plantaciones de la competencia se conocen como Cameron Valley y se encuentran en Tanah Rata y Tringkap.

 

Cameron Highlands
Plantación de té, Cameron Highlands

 

Aunque la mayor parte de la oferta de alojamiento está en Tanah Rata, nosotros nos quedamos a varios kilómetros al norte, en Peony Appartament, un bloque de pisos levantado hace tan sólo un par de meses. Nuestro piso constaba de una cocina, un salón, una pequeña terraza, tres habitaciones y dos baños. 40€. Entre los tres. Lo celebramos con una botella de gin que nos costó la locura de 2€. A punto estuvimos de quedarnos a vivir en Cameron Highlands, compartiendo un lujoso piso de tres habitaciones cuyo alquiler seguro nos habrían rebajado. Y a mí me encantan las fresas, con gusto habría tenido un invernadero plagado de todas ellas. Rodrigo y Esther habrían podido dedicarse a la repostería.

 

Cameron HIghlands
Gin de la mejor selección local

 

DÍA 11 NOVIEMBRE. KUALA LUMPUR – MANILA

Aterricé en Manila a la 1 horas aproximadamente. Me conecté al wifi del aeropuerto y pedí un Uber hasta el ZHostel en Makati, recomendado por varias personas en el grupo de Facebook “Españoles en Filipinas”.

Mi nuevo amigo Rodrigo y mi veterana amiga Esther se encontraban volando de vuelta a casa. La despedida con Esther fue muy emotiva. Aunque hemos viajado en varias ocasiones juntas, probablemente Singapur y Malasia ha sido el más intenso de todos nuestros viajes. Las dos coincidimos en haber sido una extraordinaria experiencia. Y es que es la magia de viajar, fortalece o debilita lazos.

Recapitulando el viaje por Malasia, los tres últimos días estuvimos en Kuala Lumpur. El primero de ellos visitamos Batu Caves con sus estatuas gigantescas policromadas y sus astutos monos robando comida de las manos de turistas desprevenidos. Las cuevas deben su nombre al cercano río Batu, y son formaciones de piedra caliza.

Cathedral Cave, advocada al dios Murugan, tiene su entrada custodiada por la imponente estatua de este dios, 42 metros de hormigón armado decorado con 300 litros de pintura dorada importada de la vecina Tailandia. Y 272 escalones de acceso a la cueva con macacos que matan por un helado. Este santuario atrae a miles de devotos y es uno de los más importantes fuera de India. Cave Villa tiene dos cuevas en su interior, una de ellas con estatuas policromadas de poetas indios y personajes de la mitología hindú. Hasta aquí, todo correcto e interesante desde el punto de vista histórico – artístico; sin embargo, la otra cueva es un espacio lúgubre con reptiles y otros animales, una casa de los horrores de la que me escapé horrorizada en cuanto me percaté de dónde me había metido. Los animales estaban en condiciones lamentables, pareciera que estuviesen exhalando su último respiro, aunque ni siquiera se les veía con fuerzas para ello. Fue repulsivo y penoso. Con suerte, la tercera y última cueva que visitamos fue Ramayana Cave, con personajes que representan escenas del poema épico hindú Ramayana, estatuas inanimadas e impasibles al sufrimiento y pintadas con colores alegres que levantan el ánimo después de haber tenido la mala fortuna de entrar por error en la casa de los horrores. Frente a la entrada, una estatua del dios mono Hanuman te da la bienvenida desde 15 metros de altura.

 

Batu Caves
Mono buscando algo que robar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Batu Caves
Interior Cathedral Cave

 

Cave Villa Batu Caves
Cave Villa
Batu Caves, Kuala Lumpur
Ramayana Cave

 

Finalizamos la visita a las cuevas con el tiempo justo para devolver el coche en el aeropuerto. Como era de esperar, varios factores se sumaron en nuestra contra para convertir un tranquilo trayecto al aeropuerto en toda una aventura. Comenzó a llover. A llover fuerte. Vamos, que nos pilló una tormenta que puso a prueba el temple de Rodrigo como conductor. Obviamente esto no fue todo. El GPS, al cual le declaré la guerra por su ineptitud días antes en Taman Negara, estaba más perdido que nosotros. Conseguimos llegar a pelo, con las indicaciones de la carretera como único apoyo. Y aquí subrayo mi más sincera enhorabuena al piloto de carreras Rodrigo Martín por haber conducido contrarreloj y con poco o nada de su parte. Pero probablemente lo mejor de todo fue acceder al aeropuerto saltándonos la última gasolinera donde poder llenar el depósito. Menos mal que la empresa de alquiler empatizó con nuestra estupidez y dejó que echáramos gasolina y no nos cobró nada por la media hora de retraso.

Cuando llegamos al alojamiento vimos que había sólo una cama de matrimonio. Buscamos por todas partes una segunda cama… Y nada. Revisamos el anuncio de Airbnb y efectivamente, reservamos un estudio con cocina, baño, vestidor y una cama de matrimonio, con un comentario que describía el lugar perfecto para una pareja, y aceptable para tres personas (dos y media, diría yo). Encontramos un colchón hinchable y nos resignamos ante la situación. Para olvidar la metedura de pata nos pusimos los bañadores y subimos a la piscina del rascacielos con vistas a más rascacielos. Puro bueno.

 

KL Regalia

 

Al día siguiente fuimos a la National Mosque (en malayo, Masjid Negara) y a los barrios de Little India y Chinatown. La mezquita es una construcción moderna que a mí me dejó indiferente, a parte de que no acabo de digerir bien tener que ponerme una capa con capucha morada como un nazareno mientras tu amigo entra en camiseta de manga corta. Ya en Little India, visitamos el alegre templo tamil de Sri Kandaswamy en Jalan Scott, y en Chinatown, paseamos por Jalan Petaling, la calle principal del barrio, y merodeamos por Central Market para que Rodrigo y Esther comprasen algunos recuerdos. Por la noche nos tomamos una copa en Thirty8, el bar del hotel Grand Hyatt con vistas a las Petronas. Llevábamos todo el viaje aplazando salir de fiesta a darlo todo (“de esta noche no pasa” era nuestro lema), pero finalmente nuestros cuerpos no dieron para más de un cóctel hasta medianoche. Fue curioso tomarse algo en un rascacielos, con vistas a más rascacielos, en un buen hotel y por el razonable precio de 20€. Además, nos sorprendió gratamente la suma amabilidad de los empleados, sin importarles el nulo glamour que desprendíamos.

 

Kuala Lumpur
Cóctel con Petronas de fondo

 

El último día lo reservamos para enfrentarnos al talón de Aquiles de Rodrigo y de mí: el vértigo. Y que mejor manera que subirse a la KL Tower y meterse en unos cubículos de cristal (boxes) que sobresalen de la torre a 300 metros de altitud. Esto sí que es terapia de choque. El primer “cubo” nos sobrecogió, el segundo fue más llevadero. Sobre todo tras ver a un grupo de estudiantes adolescentes introducirse en el cubo como quién sube en un ascensor hasta un segundo piso… Sin inmutarse. Así que si ellos podían, nosotros también; es más, nosotros también teníamos que poder. Y pudimos. Mereció la pena la experiencia, aunque no vimos Malaca desde lejos… Terima kasih, Malasia.

 

The Boxes, Singapur
The Boxes

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